Y seréis como Dioses: La fruta prohibida del Árbol del Conocimiento

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La serpiente dijo a la mujer: No es cierto que morirán, Dios sabe muy bien que cuando coman de ese árbol , se les abrirán los ojos y llegarán a ser como dioses, conocedores del bien y del mal.
Entonces la mujer vio que el fruto era apetitoso, que atraía a la vista y que era muy bueno para alcanzar la sabiduría.
Tomó el fruto y comió, y luego se lo ofreció a su hombre que andaba con ella, quien también lo comió.

Génesis (Bereshith), 3: 5,6, Medio Oriente, circa 1000 a. de C.

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Este conocido pasaje del Génesis ha merecido distintas interpretaciones (exégesis). Puede ser interesante explicarlo en el contexto de la transición histórica del matriarcado al patriarcado.

Tenemos en primer lugar a la Serpiente, una entidad natural que habla con la mujer y no con el hombre.

Esta Serpiente tiene la capacidad informar sobre lo que “Dios sabe muy bien” y sobre lo que puede producir que los hombres sean “como dioses”. Esto coloca a la Serpiente en “conocedora”, le otorga estatus de divinidad, la convierte en sobrenatural. Y coloca a la mujer en el lugar de interlocutora con la Divinidad, convierte a la mujer en Sacerdotisa.

En las religiones neolíticas la Serpiente simboliza los atributos divinos de lo femenino. Aunque en general se haya asimilado a la Serpiente con una figura de ángel opositor, Satán o Shaytán, es llamativo que en el Génesis se nombra simplemente como la Serpiente.

En definitiva, una Divinidad Femenina es la que habla con la mujer y esto sucede por primera y última vez en el relato bíblico. A partir de este pasaje del Génesis, ninguna otra Divinidad Femenina habla con ninguna otra mujer.

El árbol otorga conocimiento, sabiduría. La administración de la sabiduría se asimila a la divinidad en la expresión “seréis como dioses”.

La mujer vio que el fruto era apetitoso y se lo ofreció a “su” hombre. (En contexto patriarcal un Dios Masculino hubiera hablado con el hombre, que hubiera probado y ofrecido el fruto a “su” mujer).

Desde nuestra perspectiva esta escena trae la memoria del pasado matriarcal, pre-bíblico. Nos cuenta de un tiempo anterior de la humanidad en el que las mujeres administraban el conocimiento. Un contexto donde la Divinidad Femenina hablaba con las mujeres.

Este estado anterior de la humanidad es presentado como el jardín del Edén, el Paraíso, el lugar de los recursos abundantes.

A partir de allí se produce la pérdida de sabiduría, el sometimiento de la mujer a los deseos del hombre y el descenso a un estado de brutalidad junto con la instalación de Dioses masculinos, crueles y guerreros.

El paraíso perdido cuando las mujeres hablaban con las Diosas y administraban la sabiduría, termina adjudicándose a la “desobediencia” provocada por las mujeres. Una justificación que exime de culpas a los hombres.

Podemos entonces llegar a otra comprensión del “pecado original”. Aquel pecado original no refiere a la “desobediencia a Dios” sino a la pérdida de protagonismo de las mujeres en la historia.

Si la humanidad tiene un pecado histórico del que debe redimirse, es haber apartado a las mujeres de la producción y administración del conocimiento.


Exégesis (del griego ἐξήγησις exégesis, de ἐξηγεομαι exegeomai -”explicar”-)1 es un concepto que involucra una interpretación crítica y completa de un texto, especialmente religioso, como el Antiguo y el Nuevo Testamento de la Biblia, el Talmud, el Midrásh, el Corán, etc. La palabra exégesis significa ‘extraer el significado de un texto dado’.

Tomado de: itahisa.info

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