Ordóñez, una bomba de relojería
Hay una vieja película de los hermanos Marx en la que Groucho quiere ser director de un hospital cuya máxima patrocinadora es una mujer muy rica. Groucho Marx consigue el puesto de director y en la pugna por conseguirlo cuenta a su patrocinadora su credo moral que, por supuesto, es muy inmoral. Al acabar y ver la cara de desaprobación de la millonaria, Groucho dice "estos son mis principios; si no le gustan, tengo otros". Es exactamente lo que siento cada vez que veo en los medios a esa quintaesencia de la política colombiana que es el procurador Ordóñez.
Este hombre, abducido por una descomposición moral en la que los principios valen mientras son rentables pero se cambian en cuanto soplan otros vientos, que empezó siendo el inquisidor Torquemada del panorama público colombiano y ha acabado siendo un peligro en un mal momento histórico, es uno de los mayores riesgos contra nuestro progreso como sociedad. Entiendo por progreso la igualdad de derechos y de oportunidades de todos los colombianos y la ley como garantía de ello.
Desde su actuación, sonrojante a mi juicio, en los casos de la Yidis política hasta el mangoneo (manejo del mango de la sartén) de las últimas semanas abonando la mala hierba del clientelismo plasmada en la promesa de votos favorables de las bancadas políticas salvo la liberal.
Hemos creado un monstruo, me refiero al cargo: un funcionario en democracia no controlado por ninguna institución, una contradictio in terminis. Los que lo ternan son los que lo controlan. No es posible. O tal vez posible sí, pero no es sensato.
Estamos ante una terna falsa con un solo ternado. Pocos con la capacidad profesional necesaria se van a medir con un señor que lleva semanas de ventaja negociando, presionando apoyos con dos carpetas, una que dice procesos pendientes y otra que dice hojas de vida.
El resultado de este mal cóctel es una bomba de relojería que en cualquier momento nos puede reventar la administración pública, columna vertebral de la república: ninguno de los tres poderes controlará el desempeño de Ordóñez. No es un secreto que su objetivo es la presidencia y que ya cuenta con una plataforma política de envergadura.
Sin control efectivo sobre su función y con semejante objetivo, me preocupa cómo consiga la nominación o la misma presidencia, obvio; pero más me preocupará su gestión si finalmente alcanza la máxima magistratura: una vez ahí, ¿qué? ¿La refundación del país según los principios de su ortodoxia sectaria? La forma en que está apuntalando el puesto es indicio de lo que pretende hacer: muy probablemente utilizará su segundo mandato como trampolín a la presidencia lo que significa que sus actuaciones se verán contingentemente viciadas por su objetivo político.
Sus posturas frente a muchos temas de importancia social no solo en Colombia sino en el resto del mundo, ponen sus creencias por encima de la Constitución y la Ley. Para él, y para muchos, la ley de Dios -su Dios- está por encima de las leyes de los hombres y eso es, simplemente, un imposible: las leyes de los hombres se aplican en este mundo y las de Dios en el que supuestamente empieza cuando acaba el de aquí. La ley, por propia definición, debe aplicarse en un territorio concreto y no goza de extraterritorialidad. El territorio exclusivo de Dios es el Más Allá, el de los hombres el Menos Acá y el de los hombres colombianos la República de Colombia.
Lo peor no es su iniquidad contra el aborto o los gays o su poco equilibrada actuación contra Piedad Córdoba. Ni siquiera la triste campaña clientelar que está ejecutando con impudicia en estos días. Lo peor es que este individuo, lleno de principios maleables, partidario del haz lo que digo pero no lo que hago, acabará siendo el mayor obstáculo en el proceso de paz. No será un palo en las ruedas ni un hueco en el trayecto; acabará siendo el que dinamite el proceso: la paz es frágil y para él puede ser políticamente muy rentable capitalizar un eventual fracaso del proceso. De hecho, desde el análisis de la estrategia política, su mejor opción es boicotear el proceso.
Tomado de : diariocritico.com